Yo me declaro poseedor de la tierra -y de los sueños-, de la que fluye tu nocturnidad impenitente; Me declaro hombre perdido entre las finas hebras de tu pelo negro, y en los rincones de tu sonrisa indolente; Yo me declaro insolvente de amores y carcelero de tu tiempo; Me declaro anacoreta perenne e inquisidor certero de tu piel morena y silente; Me declaro perseguidor compulsivo y conocedor exhaustivo de tus besos, que añoro con ansia, en el relicario de mi mente; Yo me declaro señor imperial de tus ojos y rey adjunto de tus senos; Y me declaro joven e impulsivo loco, y más viejo, cuando siento que estoy tan lejos de ti siempre. Me declaro ganador de las mil batallas que sufrimos, y trofeo de guerra rodado entre tus dedos; Yo me declaro perseverancia y olvido, y me declaro, por ti, memoria y simiente. Me declaro obrero leal de tu torso, bebedor empedernido de tu aliento y músico virtuoso de tu cintura hirviente; Bailador en el aire de tus pasos descalzos, equilibrista sonámbulo cuando te duermes y escultor de tu cuerpo si cuando es la noche, te declaro el amor y tu consientes. Yo, me declaro poeta roto y torturado, por ser culpable, tan solo, de quererte.